Escapada de fin de semana: Los pueblos blancos de Cádiz

Por NH Hotels | 10:46

Cuando pensamos en Cádiz lo primero que nos viene a la cabeza son sus infinitas playas. Sin embargo, en la provincia andaluza se esconde la Sierra de Grazalema, punto de España donde más llueve. Precisamente aquí encontramos los pueblos blancos de Cádiz, de interior sí, pero de una belleza inimaginable.

Los pueblos blancos se extienden por la Sierra de Cádiz, la Sierra de Janda y la Serranía de Ronda en Málaga. Son un total de 19 y están muy cerca unos de otros, por lo que es un destino ideal para visitar un fin de semana. Ubrique, Setenil de las Bodegas, Grazalema, Olvera o Arcos de la Frontera son algunos de los pueblos blancos de Cádiz, y de los que te vamos a hablar.

Ubrique

Ubrique es famoso por la industria de la piel. Grandes marcas del mundo de la moda utilizan este material para sus colecciones. Ubrique se ubica entre los Parques Naturales de los Alcornocales y la Sierra de Grazalema. Este pueblo blanco indispensable en la ruta cuenta con vestigios de la época romana, musulmana y barroca como el yacimiento romano de Ocuri, el Castillo de Fátima o el Convento de los Capuchinos.

Las calles estrechas del centro histórico casi obligan a pasear por Ubrique a pie. Una manera más cómoda y que además, permite acercarse a esos rincones a los que no puedes llegar en coche.

Setenil de las Bodegas

De Setenil de las Bodegas destacan las casas excavadas dentro de las montañas. Todo el que visita este pueblo se queda sorprendido ante tal construcción. Se excavaron las montañas para protegerse de los enemigos y del calor en los meses de verano. Actualmente se han convertido en bares y restaurantes, que deberás visitar para coger fuerzas y subir las empinadas cuestas para llegar al Castillo medieval que custodia Setenil.

Es el pueblo blanco más cercano a Ronda, por lo que puedes pasar de provincia y hacer una visita a los pueblos blancos de Málaga.

Grazalema

Pueblo que da nombre a la sierra gaditana. Grazalema es uno de los pueblos más bonitos de España, y razón no les falta. Destaca el mirador Grazalema desde el que se ve toda la sierra y los característicos pinsapos, una especie de abeto típica de la zona y protegida. Como en los demás pueblos blancos de Cádiz la iglesia es el punto central de la villa. En el caso de Grazalema se encuentra en pleno centro, en la Plaza de España, donde además de ver la Iglesia de la Aurora podrás beber agua directamente de la sierra en la fuente que hay en la plaza.

La industria textil tiene una gran importancia en este pueblecito de Cádiz. Las mantas tejidas todavía con métodos tradicionales es lo más destacado de su comercio y productos típicos.

Olvera

El pueblo de Olvera descansa a los pies de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y el castillo nazarí, una imagen digna de postal. En 1983 ya se dieron cuenta de ello y declararon a Olvera conjunto histórico-artístico. El pueblo está construido en la ladera de la montaña, la cual debes subir a través de las estrechas calles para llegar a la cima, donde encontrarás la iglesia y el castillo, y tener una vista privilegiada de Olvera.

Este municipio gaditano fue territorio cristiano durante más de 150 años y hacía frontera con Zahara de la Sierra, del bando árabe. Seguro que en las calles de uno y otro pueblo se libraban importantes enfrentamientos.

Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera se extiende sobre una colina, las casas encaladas suben por la ladera hasta llegar a la cima donde se encuentra la Iglesia de San Pedro, en cuyo interior descubrirás uno de los retablos más bonitos que hayas visto nunca. En la zona baja de Arcos de la Frontera descansa el río Guadalete, que sirve de frontera.

Destaca además, la Basílica de Santa María, el Convento de las Madres Mercedarias, el Castillo de los Duques, de gran importancia en el siglo XV cuando Arcos era un Ducado, y la Plaza de Cabildo donde hay un mirador desde el que hay una vista excepcional de Arcos de la Frontera y los pueblos blancos de los alrededores.

A pesar de que todos tienen su seña de identidad que les hace diferentes y especiales, todos tienen algo en común: las casas encaladas y la gastronomía típica de la zona, el queso de cabra payoya, una auténtica delicia que tienes que probar si quieres coger energía para recorrer cada uno de sus rincones.

 

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