Camino de Santiago

Por NH Hotels | 15:14

Caminos hay muchos, meta solo una: Santiago de Compostela. La peregrinación hasta el sepulcro del apóstol es un viaje que merece la pena en cualquier época del año, pero las temperaturas suaves y las escasas precipitaciones, convierten el final del verano en un momento ideal para recorrerlo. La más célebre de estas rutas, por sus paisajes y la sencillez del trazado, es el Camino Francés, que aúna varias vías europeas que atraviesan los Pirineos por los puertos de Somport y Roncesvalles. En la localidad navarra de Puente la Reina se unifican en un solo camino y desde allí arranca una ruta de casi 650 kilómetros hasta la conocida como Jerusalén de occidente.

Nuestra aventura empieza a mitad del camino, en tierras leonesas. Nos calzamos las botas y, tras un copioso desayuno en el NH Collection León Plaza Mayor, dejamos atrás la ciudad mientras las primeras luces del alba perfilan la silueta de la imponente catedral. Camino a Ponferrada los tonos amarillo y ocre de los campos meseteños se tornan en frondosos bosques verdes. Parada obligada en Astorga para admirar su legado arquitectónico medieval y su emblemático Palacio Episcopal, obra del modernista Antoni Gaudí, y para recobrar fuerzas con un suculento cocido maragato.

Nos colamos en Galicia por Pedrafita do Cebreiro y ponemos dirección a Sarria, transitando uno de los tramos más impresionantes del Camino. Sarria es el punto que marca los últimos 100 kilómetros del Camino Francés, la distancia requerida -200 kilómetros si se opta por la bicicleta- para obtener la Compostela. Esta credencial, que debe sellarse dos veces al día en lugares autorizados -ayuntamientos, parroquias u hospederías- no es solo la prueba de que se ha recorrido la ruta jacobea, sino también un bonito recuerdo de ello.

La siguiente etapa nos lleva hasta Portomarín por caminos flanqueados por robles y castaños cuya sombra hace más llevadero el andar. A un ritmo constante, pero sin prisa, contemplamos el paisaje y la arquitectura tradicional de las aldeas que se levantan al borde del sendero. Atravesamos el Miño a la entrada de Portomarín y nos acercamos a la Iglesia-Fortaleza de San Nicolás, erigida siglos atrás por los caballeros de San Juan para protección de los peregrinos.

De camino a Palas de Rei se hace evidente que esta es tierra de peregrinaje. Decenas de cruceiros adornan caminos y encrucijadas, y las hospederías aparecen por doquier. Nos adentramos en tierras coruñesas con la vista puesta en Arzúa. El paisaje cambia, eucaliptos y pinos son la señal de esta variación. Los puentes medievales, como el de Leboreiro, atraviesan ríos y nos descubren Ribadiso da Baixo, una de las estampas más idílicas de la ruta. En Arzúa, no te pierdas su deliciosos quesos Denominación de Origen, y no te vayas de Melide si catar su famoso pulpo a la gallega. Haz un alto en el camino, recupera fuerzas y disfruta de la gastronomía de la región.

Arzúa es la puerta de Santiago. En estas dos últimas etapas todas las vías transcurren juntas por el mismo sendero en dirección al templo del apóstol. “A Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro”, escribió Cunqueiro para describir las sensaciones que invaden al peregrino al vislumbrar la ciudad. La distancia ya no importa y el cansancio queda a un lado. Desde el Monte Gozo se divisa la ciudad soñada de Machado, ese “gran bosque oscuro de piedra” en el que sobresale majestuosa, y aguarda al peregrino, su imponente catedral. La noche cae, y desde nuestra habitación en el NH Collection Santiago de Compostela hacemos balance de una experiencia que ha sido única.

 

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